Consagro mi Alma

Alma mía, dijiste a Jehová: Tú eres mi Señor; no hay para mí bien fuera de ti. (Salmo 16:2)

Hemos consagrado a lo largo de esta semana, nuestros ojos, oídos, boca, manos y pies, pero quizás lo más importante reside en nuestra alma, ya que es el centro de comando de todo nuestro cuerpo.
Por eso el Salmista le habla a su alma y es como que le hace recordar, quién es su verdadero Señor.
El alma es una caja de resonancia, es altamente influenciada por el entorno, las personas que nos rodean y las situaciones diarias.
En el alma se encuentra nuestra mente, con sus pensamientos, nuestro corazón, con sus emociones y nuestra voluntad con sus deseos.
Someter el alma a Cristo, sería llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo, ejercitar nuestro pensamiento en todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza.
Es también rechazar el temor, porque el perfecto amor echa fuera todo temor. Sacar raíces de amargura, rencor, miedos, dudas, broncas, tristezas, etc.
Pero si volvemos a pensar en el video del día uno, en nuestra alma está la silla, y quien se siente ahí tendrá el control de todo nuestro cuerpo.
Piensa por un momento quien está sentado ahí, y si no lo ves a Cristo, es el momento de consagrar tu alma al Señor, renuncia a tener el control. El apóstol Pablo dice: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”.
La Biblia habla de la Presencia de Dios como un río y aunque vamos a volver sobre éste tema en los días que viene, permitime decirte que uno decide hasta donde se mete al río. Hay orilla y hay profundidad y nosotros decidimos.
De la misma manera que un día, sumergimos nuestro ser en el agua del bautismo, sumergimos nuestra alma en la Presencia de Dios. Vamos hasta ese lugar del río, donde el río manda y somos rodeados por Él. Decíamos que el alma es una caja de resonancia. Llena de Dios sonará como Él.

Oración

Señor consagro mi alma por completo a Ti. Renuncio a tener el control, ven y siéntate en la silla de mi corazón, se Tu el Señor de mis pensamientos, emociones, y deseos. Gracias porque Tú eres la mejor porción que me ha tocado, no hay para mí bien, fuera de Ti.

Acción

Estamos cerrando una semana llena de desafíos, algunos muy importantes. Cada uno de esos desafíos ocurrieron en el ámbito de nuestra alma. Te invito a que repases día por día y afirmes cada oración hecha sobre tus ojos, tu boca, tus oídos, tus pies y tus manos. La constancia es una delas claves de la victoria. No retrocedas, afirma lo que lograste.

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