El Río de la Presencia de Dios

El hombre me trajo de vuelta a la entrada del templo, y vi que brotaba agua por debajo del umbral, en dirección al oriente, que es hacia donde dá la fachada del templo... (Ezequiel 47:1)

Tenemos templos donde adoramos a Dios, es decir espacios dedicados a reunirnos, aprender acerca de quién es Dios y lo que hace y en esos espacios, adoramos juntos. En esa adoración, invocamos la Presencia de Dios y ésta se manifiesta y disfrutamos el motivo central de por lo cual nos reunimos: estar con Cristo. En ocasiones Su Presencia es tan intensa, que no importa nada más y descubrimos que hemos sido diseñados, creados para disfrutar de la comunión con Él.
Cuando salimos de esos templos, cerramos las puertas y apagamos las luces, Dios no se queda encerrado allí. No vive en los edificios, aunque mu¬chas veces se manifiesta en ellos, de hecho, los cielos de los cielos no lo pueden contener.
Su Presencia va más allá del templo hecho de manos. La escena que miramos hoy en Ezequiel, mete de lleno en ésta idea. Está la Presencia de Dios en el templo, pero no se queda allí, sale en forma de río, directo hacia la necesidad. No es Dios de domingo, no vive en edificios.
Esta Presencia de la que hablamos sale en forma de río, estamos hablando de uno enorme y uno debe elegir cuan profundo irá en la relación con ese río.
Es un río que lo transforma todo. Vivifica, restaura, sana y provee. Nada de la vida del hom-bre, le es ajeno a Dios y absolutamente nada del corazón del ser humano, está lejos del al-cance de Su Presencia.
Ezequiel acaba de descubrir que Su Dios, no es Dios de templos y que su Presencia no puede
quedar limitada o encerrada. Somos Sus tabernáculos caminantes y transportamos Su Presencia a los lugares donde vamos. Estamos llamados a vivir tan intensamente en Él, tan sumergidos en su río, con el propósito de que donde sea que estemos, nuestro Dios esté allí.
¿Viviste momentos intensos en alguna reunión de adoración, en un encuentro de oración o en un culto? El río no se detiene allí, seguilo y metete más adentro.

Oración:

Gracias Señor, habitas dentro de mi vida. Me hace bien adorar con mis hermanos en el templo y gracias por cada ocasión en que Tú río cruza por mi habitación en casa.

Acción:

Busca un lugar donde estar solo y dedica un tiempo a adorar a Dios y entrando en adoración, disfruta de la bendición de disfrutar Su Presencia donde sea que te encuentres.

Fuente:  Camino al Santísimo | Serie de Devocionales de 40 dias

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