Mi boca, hay poder en las palabras

Las palabras que brindan consuelo son la mejor medicina; las palabras dichas con mala intención son causa de mucha tristeza. (Proverbios 15:4)

Hay poder en las palabras dichas con buenas y malas intenciones, el poder está en la intención de bendecir o maldecir.
Todos deberíamos saber que Doña lengua es muy difícil de controlar, que está llena de veneno mortal, que es inflamada por el infierno y que ningún hombre puede domarla.Tranquilos, no tenemos que cortarnos la lengua ni ponernos cinta en la boca (aunque lo de la cinta sea una buena idea) tenemos que tomar la decisión de rendir nuestra boca, palabras, lengua al señorío de Cristo. Él es el único que puede cambiar la realidad de nuestros dichos. Tengamos cuidado Dios no puede hacer ésto solo, necesita que yo me involucre y me comprometa en la práctica.
¿Cuál práctica? En la práctica de guardar silencio cuando sea necesario o de romper el silencio si la situación lo requiere, de que solo palabras honestas salgan de nuestra boca, de tener blandas respuestas que quitan la ira, de tener siempre en la punta de la lengua palabras de bendición para los demás. La práctica de éstas costumbres nos hacen ser como los que sueñan “Entonces nuestra boca se llenará de risa, y nuestra lengua de alabanza. Entonces dirán entre las naciones: Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos.” (Salmos 126:2).
Para ser buenos sacerdotes, hará falta tener nuestras bocas dedicadas a hablar lo correcto. Vamos de camino al santísimo, es decir, transitamos un camino de búsqueda de comunión, de encuentro profundo con Dios, no debemso transportar en éste viaje, equipaje que debemos usar. Luego de vivir mis primeras experiencias de plenitud espiritual, noté que una de las cosas que el Espíritu Santo rechazaba, era que yo hablara palabras de crítica o juicio hacia los demás, aunque pudiera tener alguna razón en el análisis. Pienso que cuando escuchamos a alguien hablar, recibimos un indicio de lo que está en su corazón. Es una pista de lo que tiene guardado dentro. Rompe nuestra comunión con Dios, tener “la boca sucia”. Así le pasó a Isaías en el pasaje que mirámos a comienzo de semana.

Oración

Señor hoy rindo mi lengua, mis palabras, mis contestaciones delante de tu presencia, y te pido que seas Señor en este asunto. Renuncio al enojo, al griterío, a las palabras hirientes que lastiman y te pido que entres en esta área, que tomes el control absoluto de mi lengua y seas el Señor de toda mi vida.

Acción

¡Ayuno de críticas y juicios por un día! Te aseguro que notarás la bendición en tu corazón. Pide ayuda a Dios y ¡adelante!

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