Mis oídos


Escucharé lo que hable Jehová Dios; porque hablará paz a su pueblo y a sus santos, para que no se vuelvan a la locura. (Salmo 85:8).

El señorío de Cristo en todo mi ser y hoy quiero detenerme a pensar por un momento, en uno de mis sentidos, al que llamamos oído.
Lo que llamamos señorío de Cristo ¿se hace realidad en lo que escucho? ¿A quién escucho?, lo que mi corazón recibe a través de mis oídos ¿Me lleva a la depresión? ¿A desesperarme? ¿A creer que todo está perdido? ¿O me alienta y me lleva de victoria en victoria, de triunfo en triunfo? Aún en plena batalla por dura que esta sea, Dios está presto a escuchar nuestras oraciones; miremos lo que nos dice el Salmo 94:9 
El que hizo el oído ¿no oirá? , el que hizo el ojo ¿no verá? Desde que nacemos escuchamos voces que nos “enseñan”, que decir, por donde caminar, que comer, el mundo tiene mensajes para cada momento y para cada día; cuantas veces equivocamos el camino que recorrimos porque nos decían que era el justo, que era el apropiado, muchas veces nos encontramos ante la encrucijada de no saber a quién escuchar o a quien seguir Jesús nos exhorta a escuchar y hacer caso a sus recomendaciones, Jesús apela a la percepción espiritual. Aquellos que oyen y reciben y asimilan la verdad, verán aumentada su capacidad de comprensión y conocimiento, aquellos que no creen perderán.

En Éxodo 19:5 Dios nos dice ahora pues, si diereis oído a mi voz y guardareis mi pacto vosotros seréis mi especial tesoro sobre toda la tierra; ¿lo creemos?, si somos sus discípulos y siervos de Él, nos abrirá nuestros oídos para que escuchemos Su voz con claridad y comprendamos su mensaje. Como hijos de Dios que pretendemos servirlo cada día más y mejor, se nos hace importante tener oídos dedicados, es decir consagrados.

Recuerde que la palabra consagración, la podemos tomar como sinónimo de dedicación o entrega. Entregar mis oídos al chisme, irá en absoluto desmedro de la capacidad de escuchar la voz de Dios y ¡cómo deseamos oírlo claramente!
Piense en el alma como un balde. Depende de lo que esté lleno, será la claridad que muestre.   Si lleno el balde de chisme o juicio y si me presto a escuchar conversaciones que destruyen, el agua estará turbia, así que a la hora de hablar o pensar, lo que surgirá, será turbio. 
Finalmente, a la hora de pensar en la comunión con Dios, todo es cercanía, contacto.
Más cerca de Dios, mis ojos y oídos, captarán las expresiones de Dios. Más lejos de Dios,le prestaré cada vez más atención al “ruido ambiente”.
Sencillo, más cerca, se escucha mejor.

Oración
Hoy Señor me acerco a Ti. Deseo intimidad, contacto, cercanía. Para mi, Tú no eres una idea o un pensamiento, Eres real. Quiero escuchar Tu Voz, por eso, hoy me acerco a Ti. Te adoro Señor, lleno mis oídos de adoración y alabanza y descarto las conversaciones y comentarios que destruyen al prójimo creado a Tú imagen.

Acción
Hoy te desafiamos a un experimento. La Biblia, enseña que lo que sembramos, eso cosechamos. Te desafío a tener un tiempo de comunión con Dios, enfocado exclusivamente en la adoración, es decir, no menos de 20´ de no pedir nada y dedicar la oración a alabar a Dios y dar gracias por Sus bendiciones y por aquellos que tienes cerca. ¿Qué sucede en nuestra alma, cuando lo que entra por los oídos, es de bendición?

Fuente:  Camino al Santísimo | Serie de Devocionales de 40 días

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