¿Qué implica la educación de calidad?


Ante la marcha estudiantil en reclamo de una educación de calidad nos preguntamos ¿Qué implica la educación de calidad? El método de las 4 A pueden ser criterios útiles para identificar y desarrollar ‘buenas’ prácticas educativas tanto en el ámbito escolar como fuera de éste.

Frente a una práctica educativa dada, y antes de sacar conclusiones sobre sus bondades o eficacia, es necesario preguntarse acerca de su disponibilidad, accesibilidad, adaptabilidad y aceptabilidad.

(Asequibilidad) Disponibilidad 


La disponibilidad es el nivel más básico y con el que a menudo se dan por satisfechos los responsables estatales. Se refiere a la existencia efectiva del programa, el centro o la prestación del servicio, y las condiciones mínimas para que éste pueda operar.

Muchas veces, está la necesidad y hasta la demanda pero no la oferta educativa que correspondería a dicha necesidad. No existe la guardería, el centro infantil, la escuela, el colegio secundario, el centro comunitario, el taller, la biblioteca, etc. para satisfacer la demanda educativa de la población que vive en determinada zona o región. Muchos programas tienen coberturas pequeñas, atienden sólo ciertas áreas o grupos, o bien operan solamente en ciertas épocas del año, dejando afuera a las poblaciones más vulnerables y peor servidas, en el campo o en la ciudad. A menudo, asimismo, la oferta educativa se piensa únicamente como oferta escolar para niños y jóvenes, ignorando las necesidades educativas de la primera infancia y de las personas adultas. Es preciso recordar que el derecho a la educación se aplica a todas las personas y a todas las edades, y a lo largo de la vida.

Accesibilidad 


Una vez que la oferta está disponible, es preciso preguntarse acerca de su accesibilidad. No todo lo que está disponible es accesible. Consideremos varias dimensiones:

(a) accesibilidad económica: el derecho a la educación implica gratuidad, ausencia de pagos y cuotas, materiales de aprendizaje gratuitos, subsidios para cubrir otros costos asociados al programa (por ejemplo: transporte, alimentación, etc.)

(b) accesibilidad física: incluye horarios adecuados así como la posibilidad de acceder efectivamente al lugar donde se realiza la actividad (distancia del hogar o del lugar de trabajo, caminos transitables, condiciones de seguridad, previsiones para personas con movilidad restringida, etc.) y a los medios necesarios cuando se trata de una oferta de educación a distancia o de aprendizaje informal (radio, televisión, computadora, etc.)

(c) accesibilidad curricular y pedagógica: los participantes deben poder comprender y manejar los contenidos y métodos propuestos, los instrumentos de evaluación, las tecnologías, etc. utilizados en la enseñanza.

Muchas ofertas educativas no pueden ser aprovechadas porque sus condiciones de acceso no lo permiten. El pago de cuotas o el uso obligatorio de uniformes excluye a quienes no pueden financiarlos. La distancia pueden ser un obstáculo insalvable para niños pequeños, personas mayores o personas con problemas de movilidad.

Ejemplos modernos de ofertas educativas disponibles pero no accesibles son a menudo las modernas tecnologías. Equipos informáticos se compran y distribuyen pero quedan sin uso o son desaprovechados porque nadie sabe operarlos o repararlos, no se ha sensibilizado ni capacitado a los docentes, e incluso no existen condiciones de funcionamiento como energía eléctrica o conexión a internet. Por eso, antes de definirlas como "buenas prácticas", es indispensable cerciorarse de que las innovaciones tecnológicas son realmente tales y que están operando dentro de procesos pedagógicos reales.

Adaptabilidad 


No todo lo que está disponible y es accesible es relevante o pertinente para quienes está destinado. La oferta educativa debe adaptarse a las realidades, expectativas y posibilidades de los educandos o aprendices en cada caso, así como a lo mejor de la información y el conocimiento disponibles. La inmensa mayoría de personas y familias se contenta con que la educación esté disponible y sea accesible, sin asumir que el derecho a la educación incluye el derecho a una buena educación, pertinente, relevante y de calidad.

Lenguas, culturas, horarios, contenidos, medios, tecnologías, metodologías, instrumentos y procedimientos de evaluación, deben adaptarse a cada contexto específico: zona geográfica, estación o período del año, clima, edad, género, trayectoria y nivel educativo de los educandos, disponibilidad de tiempo, motivaciones, ritmos y estilos de aprendizaje, necesidades especiales, etc. Esto supone empatía con la gente, conocimiento de las realidades locales, capacidad para anticipar y rectificar oportunamente, así como consulta y participación de los directamente involucrados.

La adaptabilidad tiene que ver tanto con la diferencia como con la desigualdad. Responder a la diversidad implica una oferta flexible y diversificada, que responde a las diferencias individuales y sociales, lo que es condición para la eficacia de cualquier intervención educativa. Responder a la desigualdad implica adicionalmente el desafío de la equidad, dando más y mejor a quienes menos tienen a fin de compensar las desventajas de su situación de partida. Políticas, programas, estrategias y metas homogéneas, iguales para todos, refuerzan la inequidad en lugar de reducirla.

Los desafíos más grandes de adaptabilidad suelen encontrarse en las zonas rurales (dispersión de la población, distancias, pobreza, precariedad, trabajo extenuante, a menudo falta de servicios básicos como agua potable o energía eléctrica, etc.), los grupos indígenas (lenguas y culturas no-hegemónicas, fuerte subordinación de la mujer en muchas comunidades y culturas, etc.), poblaciones móviles (trabajadores migrantes, sin tierra, sin casa; población desplazada por conflictos armados o desastres naturales, etc.), grupos altamente heterogéneos (en términos de edad, nivel educativo, lenguas, culturas, etc.) y grupos con necesidades especiales, quienes requieren condiciones, estrategias y materiales específicos. La combinación de varias de estas características hace tanto más complicada la atención diferenciada.

Aceptabilidad 


La aceptabilidad se ubica del lado de las personas y grupos a quienes está dirigida la oferta educativa y tiene que ver fundamentalmente con su satisfacción. Aquí radica la prueba de fuego de políticas y programas. Tanto la relevancia (‘para qué’) como la pertinencia (‘para quién’) de la oferta educativa constituyen aspectos centrales de la calidad de la educación y de su potencial transformador.

La satisfacción tiene que ver con muchas dimensiones y factores - no todos vinculados directamente al aprendizaje - tales como la autoestima, la dignidad, el respeto, la superación de la soledad y el aislamiento, la socialización y la interacción con pares, el llano disfrute.

La mejor indicación de que un centro o un programa educativo funciona y es adecuado a las necesidades de los educandos es que estos van y se sientan allí contentos. Niños y niñas dan muestras claras de lo que les gusta y de lo que les disgusta, pero en el campo de la educación este hecho a menudo ni siquiera se tiene en cuenta como aspecto evidente y central de la "calidad" educativa. Si los niños no se sienten cómodos, si en el lugar se respira miedo, desconfianza, autoritarismo, maltrato... ciertamente no estamos frente a un buen centro o una buena práctica educativa, aunque otras señales (por ejemplo, puntajes en pruebas) puedan indicar lo contrario.

Para muchas mujeres, sobre todo amas de casa, el tiempo de la clase significa la posibilidad de escapar por un rato del hogar y de la rutina cotidiana. Para muchos jóvenes, el centro educativo puede constituir una experiencia rehabilitadora después de haber pasado por una experiencia escolar maltratante y traumática. Para muchos participantes, especialmente hombres, ir a una escuela a estudiar es algo que les incomoda, pues se sienten tratados como niños y expuestos públicamente, por lo que prefieren a menudo aprender en sus propias casas o en lugares menos visibles.

Idealmente, todo programa debería incorporar mecanismos confiables para evaluar la satisfacción de los/las participantes, más allá de indicadores clásicos como retención y completación de las lecciones o los módulos, o incluso la aplicación de una prueba o la aprobación del programa o del nivel. La alta deserción que prevalece en muchos sistemas escolares y en muchos programas de educación de jóvenes y adultos, puede ser de hecho indicativo de problemas combinados de disponibilidad, accesibilidad, adaptabilidad y aceptabilidad.

Una clave tanto de la adaptabilidad como de la aceptabilidad de la oferta educativa radica en la profundidad y la calidad de la participación de los potenciales ‘beneficiarios’, sólo de este modo convertidos en ‘participantes’ del proceso, desde el diseño de políticas y programas, hasta su ejecución, seguimiento y evaluación. Antes que políticas y programas para, se trata de construir políticas y programas desde y con la gente: niños, jóvenes, adultos, familias, comunidades, organizaciones sociales.

Ramón Corvalán, responsable del capítulo sobre Derecho a la Educación en el Informe sobre Derechos Humanos, desgrana la realidad del sistema educativo.
De una educación con características de derecho humano y eso tiene sus propios indicadores. Usualmente se denomina el sistema de las 4 A al conjunto de criterios para valorar una oferta educativa con enfoque de derecho:


  • 1. Asequible: esto es, disponibilidad de establecimientos escolares debidamente equipados con docentes en buenas condiciones laborales y con actualizada formación profesional. Por ejemplo, en el campo de las Ciencias Sociales, en particular en la enseñanza de la Historia, tenemos aproximadamente un retraso de cuatro décadas en cuanto a la formación de docentes.
  • 2. Accesible: La educación debe ser accesible, geográfica y económicamente;
  • 3. Adaptable: esto es, responder a la diversidad de territorios, población y culturas y;
  • 4. Aceptable: que se vincula con la implementación de canales de participación efectiva de la comunidad educativa en la gestión educativa.


Estos criterios se refieren a lo mínimo que debe caracterizar a una educación de calidad que implica, además, la promoción del pensamiento crítico/creativo, de la alfabetización científica, de los valores y principios de derechos humanos. El acceso a la tecnología forma parte igualmente de los rasgos de una educación de calidad.

Fuente: www.otra-educacion.blogspot.com

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