El Espíritu de generosidad

Siempre hay evidencia externa cuando Dios obra en los corazones de los creyentes. Se puede ver en los inicios de la Iglesia como el Espíritu Santo comenzó unió a los primeros creyentes como un cuerpo corporativo.

Hechos capítulo 4 detalla cuando Pedro y Juan fueron arrestados después de la curación del paralítico. Pedro y Juan fueron llevados ante el Concilio, donde los líderes religiosos interrogaron y los amenazaron por motivo del gran revuelo había resultado de este milagro.

Después de que los apóstoles fueron puestos en libertad, volvieron junto a sus compañeros creyentes y les contaron de lo sucedido. Entonces todos se unieron en un solo Espíritu y oraron para que Dios los use en su propósito y muestre su poder a través de ellos.
Después de que los creyentes terminaron de orar, Dios se movió poderosamente a través de ellos, como lo muestra el versículo 33:

"Los apóstoles, a su vez, con gran poder seguían dando testimonio de la resurrección del Señor Jesús. La gracia de Dios se derramaba abundantemente sobre todos ellos."(NVI).

Hubo una manifestación inmediata de la presencia de Dios a través de los primeros creyentes que establecerían como poderosos testimonio de Jesucristo. La Gracia de Dios era evidente a todos.
La Gracia de Dios manifestó su influencia en los corazones de los primeros creyentes, dándoles poder para hacer lo que ellos no podían en su propia fuerza.

Lo primero que estos creyentes hicieron mediante la gracia lo encontramos en los versículos 34 y 35:
"pues no había ningún necesitado en la comunidad. Quienes poseían casas o terrenos los vendían, llevaban el dinero de las ventas  y lo entregaban a los apóstoles para que se distribuyera a cada uno según su necesidad."(NVI).

Un maravilloso Espíritu de generosidad se extendió en toda la iglesia en Jerusalén. Los creyentes comenzaron a dar con el fin de avanzar en el Evangelio y para satisfacer las necesidades de otras personas. Esta muestra de generosidad  fue el resultado de la Gracia de Dios que actúa en el corazón de una persona y motiva a que se convierta en un dador. Las posesiones comienzan a perder su arraigo en la persona que comienza a crecer en la Gracia.

Dios es el mayor dador. Dios pone en nuestro corazón ese sentir y comienza a madurar en nosotros, el ser dador se convierte en algo importante para nosotros.


El dar es un estilo de vida que está en el corazón mismo del cristiano. Este estilo de vida se hizo evidente en la Iglesia desde los inicios, y Dios quiere  que aumentemos en dar todos los días.

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