¿Por qué debemos crecer en Gracia?

La Palabra de Dios dice: " Así que la fe viene por oír, es decir, por oír la Buena Noticia acerca de Cristo." (Romanos 10:17 NTV).

Si nuestra fe crece por el oír la Palabra de Dios, entonces ¿cómo crece nuestra gracia?
La Gracia crece en la presencia de Dios, allí obtenemos una mayor medida de su gracia.
Dios nos anima a priorizar la oración, ya que es, en nuestros tiempos personales de oración que venimos delante de su trono.

“Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos”. (Hebreos 4:16)
Este es un claro mensaje a la Iglesia para acercarnos a la presencia de Dios todos los días. Y a medida que respondemos a la llamada de Dios para renovarnos en la oración; así vamos a cosechar los resultados que es, el crecer en su gracia.

Un trono es un lugar de autoridad. Se nos ha dado el derecho y el privilegio de venir al lugar más alto de autoridad en el universo. A medida que nos acercamos a Él con confianza, podemos ser llenos de su confianza y la capacidad interna para mantenernos firmes en su promesa. Su autoridad aumentará en nuestro interior para hacer su voluntad. No es a través de nuestra propia fuerza o autoridad, sino en la Suya.

Para caminar en la plenitud de la vida abundante que Dios ha planeado para nosotros, tenemos que entender la relación entre la gracia y la fe en nuestras vidas. La fe produce cambios. Sin embargo, sabemos por experiencia que las circunstancias difíciles a veces surgen en nuestra vida para renovar nuestra fe y revertir la situación.

También somos conscientes de que hay aspectos en nuestro camino en la que Dios nos ha puesto que parecen imposibles para nosotros proseguir. Si Dios realmente nos ha colocado allí, sin duda Él sabe que somos capaces de tener éxito. Pero la cuestión no es si tenemos la capacidad natural para la tarea, sino, si tenemos la gracia.

Dios no nos llama sólo por lo que somos capaces de hacer con nuestras propias fuerzas. De hecho, Él está en el negocio de llamar a la gente a hacer lo que no pueden hacer! Así que si actualmente estamos haciendo por Dios sólo lo que somos capaces de hacer en nuestras propias capacidades naturales, es posible que no estemos cumpliendo con nuestro llamado divino.

Cualquier cosa que se hace para Dios aparte de Su gracia son obras muertas. Segunda de Timoteo 2: 5 nos dice : “De igual manera, el atleta que participa en una carrera no puede ganar el premio si no obedece las reglas de la competencia”.


No es nuestro talento o inteligencia que hará que ganemos en la carrera de la vida, sino es la capacidad de Dios. Jesús mismo lo reafirma: " Solo el Espíritu da vida eterna; los esfuerzos humanos no logran nada"(Juan 6:63 NTV).

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