El descanso en Dios para este fin de año

El descanso fue diseñado para ser la norma, no la excepción.
¿Está su vida regida por el calendario? Cada año comienza con una avalancha de resoluciones: bajar de peso, pasar más tiempo con los niños, dormir más, cambiar de empleo.

En contraste, nuestros días deberían estar dirigidos por Dios y sus planes. En lugar de pasar las semanas que anteceden a la Navidad en silencio y quietud, nos dedicamos a actividades ajetreadas. Pero a pesar del frenético rediseño de la temporada navideña, ella todavía apunta a un tiempo de serenidad y de calma hacia Dios. Y es en esta quietud que podemos prestar atención a la esperanza que pronto penetrará la oscuridad.

¿Qué hacemos, exactamente con los días de diciembre? A diferencia de nuestro ritmo de vida agotador, esta temporada nos anima a estar quietos el tiempo suficiente para observar a nuestro Salvador. La frase popular “observa y espera” nos recuerda la actitud del salmista: “Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado. Mi alma espera a Jehová” (Salmo 130 v. 5, 6).
La sociedad nos dice que nuestro tiempo nos pertenece; pero la celebración del nacimiento de Cristo es el tiempo de Dios.

Es extenuante creer que nuestra vida no es más que aquello en lo que la hemos convertido. El mundo nos dice que nuestro bienestar depende de qué tan alto ascendamos en el escalafón, con qué rapidez alcancemos nuestras metas. Pero, tarde o temprano reconocemos que todo es un espejismo —nunca podremos acumular suficiente para descansar tranquilos o enfrentar la vida sin ninguna amenaza de ruina. Nunca podremos crear nuestra propia felicidad.

Como nos dice la Palabra de Dios, nuestra única esperanza segura es el Dios que nos cuida con más diligencia y tenacidad de las que pudiéramos imaginar. “Mi alma espera a Jehová más que los centinelas a la mañana”, nos exhortan 130: 5 y 6. Y por una buena razón: mientras que nuestra fe es imperfecta, Dios es siempre fiel. En contraste con nuestras fuerzas vacilantes, las suyas resisten cualquier ataque. La mejor vida que pudiéramos crear para nosotros, nunca podrá ser más que una construcción destartalada, a diferencia del terreno firme y de la confianza inquebrantable que Dios nos ofrece en Él.

Las semanas que anteceden a la Navidad nos recuerdan que Él es a quien más necesitamos. Necesitamos que actúe; que nos ayude. A nosotros nos corresponde, especialmente durante estos días, estar quietos, y esperar por la ayuda que vendrá con seguridad (Sal 37.7; 46.10). Este es el tiempo de Dios.

Reflexionemos en el Salmo 27.14. ¿Qué sucede cuando esperamos en el Señor? ¿Puede la espera en el Señor ayudarnos a tener un corazón tranquilo y fortalecido?
¿Interrumpe su ritmo normal el tener una visión diferente de la Navidad? ¿Hay tensión entre su visión y la visión de Dios? ¿Es beneficiosa esa tensión? ¿O es inquietante?

Medite en 1 Corintios 4.5. ¿Por qué estamos tentados a juzgar rápidamente, basándonos solamente en nuestras experiencias? ¿Cómo nos libera el que el tiempo de Dios puede revelar los motivos del corazón?

Tarde o temprano reconocemos que nunca podremos acumular suficiente para descansar tranquilos o enfrentar la vida sin ninguna amenaza de ruina. Nunca podremos, crear nuestra propia felicidad.

Fuente: Ministerio En Contacto

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