Línea roja en el paraíso

En las grandes tradiciones monoteístas el primer pecado del hombre tiene lugar en el paraíso, con la desobediencia de Adán y Eva, como nos relatan los libros sagrados del judaísmo, el cristianismo y el islam.

La narración sobre la creación de la Biblia hebrea nos narra cómo Adán y Eva, figura de la primera pareja y de la humanidad, desobedecieron a Dios en el paraíso al comer del fruto del árbol prohibido, dejándose tentar por la serpiente que les seduce afirmando que, al comer del fruto, tendrán el conocimiento del bien y del mal. El acto traerá consigo el destierro del paraíso, el sufrimiento, la lucha por la supervivencia en medio del mundo y la muerte. Este sería el origen del pecado inherente al ser humano ( Génesis 3,1-20).

Siguiendo este mismo telón de fondo, en el Nuevo Testamento la figura de Adán aparece con frecuencia comparada a Jesús, el “nuevo Adán”. San Pablo afirma cómo por medio de la desobediencia de Adán vino la muerte a la humanidad, y por Jesús le llegó la vida (Romanos 5,15-21).

En el Corán hay tres suras que narran el pecado de Adán y la primera mujer (el nombre de Eva no se menciona): la 2, la 7 y la 21. En las tres se sigue con bastante detalle la narración del Génesis, en la que Satán ( Iblis) les tenta, por lo que son echados del paraíso, junto con Satán. La sura 2,37 refiere cómo Adán fue perdonado por Dios. La referencia a Adán también aparece en la sura 3,59, donde Adán es comparado a Jesús ( Îsâ). Esta similitud difiere de la propuesta por San Pablo en el Nuevo Testamento: se refiere a como Adán fue creado del polvo y Jesús nació de una virgen. El Corán ignora la transmisión del pecado original y, por lo tanto, no contempla la necesidad de la redención. Considera, eso sí, el pecado que aleja al hombre de su creador, utilizando un vocabulario variado ( dhanb, haram...).

Fuente: lavanguardia.com

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