Nuestra lista de propósitos para un Nuevo Año

Al iniciar un nuevo Año solemos hacer compromisos y creamos una lista de propósitos y cambios que pretendemos cumplir en el transcurso del nuevo año: iniciar una dieta, matricularnos en un curso de idioma, mejorar nuestras finanzas, restaurar relaciones familiares, pero la realidad es que muchos terminamos incumpliendo esos propósitos.¿La razón?
Muchas veces porque reflexionamos poco respecto a lo que en verdad somos o tenemos para poder alcanzar los objetivos que nos proponemos. Además no planificamos, ni priorizamos cambios de carácter personal y espiritual, que serán los que nos darán las fuerzas necesarias para conseguir abordar otros cambios de nuestra lista de propósitos para este nuevo año.
Una verdad que Cristo enseñó en Lucas 14:28-30 es acerca de la importancia de planificar nuestro compromiso.
“¿Quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que, después que haya puesto el cimiento, no pueda acabarla y todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: “Este hombre comenzó a edificar y no pudo acabar.”
Aquí Cristo comunica que es sabio tener un plan antes de intentar llevar a cabo algo debido a que si no planeas bien antes de ejecutar, perderás dinero, serás vencido y harás el ridículo.
Pero hay una salida, si realmente buscamos los planes de Dios en nuestras vidas, tenemos la victoria asegurada.
“Porque yo sé los planes que tengo para ustedes”–declara el Señor–”pensamientos de bien y no de mal, para darles un futuro y una esperanza. Jeremías 29:11
Son los planes de Dios los que debemos buscar. Una perfecta planificación, o una excelente organización no equivale al éxito. Nuestro éxito no descansa en el poder de nuestras habilidades organizativas, sino que se encuentra en proporción directa a nuestra relación con Dios, al tiempo que dedicamos a leer su Palabra, de buscar su presencia en oración, y su guía necesaria para encaminar nuestros objetivos y alinearlos a los planes que tiene para nosotros.

Es la intimidad con el Espíritu Santo el que nos dará realmente un empuje de calidad en la consecución de nuestros objetivos.

Debemos pedirle al Espíritu Santo que nos conceda sabiduría para trasladar, mover, cancelar o añadir distintos elementos a nuestra agenda semanal durante el año de forma que podamos incluir actividades, pensamientos, palabras y acciones que estén de acuerdo a la voluntad de Dios cada día. Luego, hay que mantener el compromiso.
Los propósitos simplemente no suceden, hay que provocarlos, con un plan definido y por sobre todo la dirección de Dios y el poder del Espíritu Santo.

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