Un corazón que anhela a Dios (Devocional)

Proverbios 2: 1-5 nos da una orientación sólida que nos lleva a una comunión íntima con el Señor.
"Hijo mío, presta atención a lo que digo y atesora mis mandatos. Afina tus oídos a la sabiduría y concéntrate en el entendimiento. Clama por inteligencia y pide entendimiento.
Búscalos como si fueran plata, como si fueran tesoros escondidos. Entonces comprenderás lo que significa temer al Señor y obtendrás conocimiento de Dios.”

Estos versículos nos dan una dirección clara para actuar. En primer lugar, hemos de buscar al Señor, en segundo lugar hemos de buscar su sabiduría como lo haríamos con un tesoro, y así descubriremos nuevas enseñanzas.

El apóstol Pablo como Moisés, tenían el deseo de intimar con Dios a fin de ser usados por Él con eficacia. En Filipenses 3:10, hay una oración de Pablo muy similar a la que Moisés había orado cientos de años antes.

" Por eso, lo único que deseo es conocer a Cristo; es decir, sentir el poder de su resurrección, sufrir como él sufrió, y aun morir como él murió”.

En el momento que Pablo hizo esta oración, ya era un experimentado en los caminos de Dios. Había pasado años después de su conversión y preparación para el ministerio. Había visto todo tipo de milagros y manifestaciones de Dios. Había visto visiones e incluso fue llevado al cielo para contemplar cosas que no se le permitió hablar de la tierra. Sin embargo, después de todos estos encuentros sorprendentes, el anhelo de su corazón era conocer al Señor!

Las declaraciones de Pablo revelan su humildad y hambre por conocer a Dios. Pablo nunca perdió de vista el hecho de que para hacer que Dios sea conocido en el mundo, tenemos que conocer su naturaleza más íntima. Pablo clamó por conocer el poder de la resurrección que Dios ejerció en él y a través de él.

Muchos tratan de desanimarnos con la idea de que nunca podremos conocer a Dios, porque no estamos en su nivel. Pero el hecho de que estemos hechos a su imagen y semejanza significa que tenemos la capacidad no sólo para conocerlo, sino de revelarlo.

El mensaje del Evangelio es que Jesucristo bajó al nivel de pecadores, para elevarnos al nivel de un Dios Santo. Nuestra esperanza se basa en lo que Jesús nos lleva al nivel de comunión con Dios que deseaba desde un principio. Jeremías 9: 23-24 dice:

“Que nadie se sienta orgulloso: ni el sabio de su sabiduría, ni el poderoso de su poder, ni el rico de su riqueza. Si alguien quiere sentirse orgulloso, que se sienta orgulloso de mí y de que me obedece. ¡Eso es conocerme! Pues yo actúo en la tierra con amor, y amo la justicia y la rectitud.

A través de la Palabra de Dios, Él revela claramente que Él nos da su sabiduría, su poder y sus riquezas, sin embargo, no son las cosas que hemos de presumir. En cambio, son las herramientas que utilizamos para llevar a cabo las cosas en las que Él se deleita: en la bondad, la rectitud y la justicia.

Queremos su sabiduría, poder y riquezas para dar a conocer a Dios en la tierra, pero nuestra gloria debe descansar en el hecho de que realmente podemos conocerlo y entenderlo. Sólo nos quedamos en la tierra para vivir entre los hombres por una temporada. Seamos fieles representante de Dios mientras estemos aquí.

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