El observador en la Ontología del Lenguaje


Rafael Echeverría llama Ontología del Lenguaje a un posicionamiento filosófico que nos abre a una comprensión diferente del ser humano y una comprensión PARTICULAR de la manera de ser que tenemos los seres humanos. Al decir "particular", y no "general", estamos hablando de una concepción no metafísica, ya que cualquier interpretación que hagamos de esta particular forma de ser, habla también de nuestra forma particular de ser. "Todo lo dicho siempre es dicho por alguien", por lo que, al hablar del ser en general, o de cualquier ser no humano, no podemos desprendernos de nuestra propia perspectiva humana.
El interés principal de la Ontología del Lenguaje no es, justamente, el lenguaje, sino el ser humano. Postula que la razón ha perdido su lugar preponderante dentro la filosofía (el "Pienso, luego existo" de Descartes), y este lugar lo ha ocupado el lenguaje.

OBSERVADOR: 

Definirnos al observador como una coherencia (relación, unión) entre los tres dominios primarios del ser humano: su lenguaje, emocionalidad y cuerpo. Al establecer una coherencia entre estos tres dominios primarios significamos que actuando sobre uno de ellos, accionamos también sobre los otros. Sin embargo priorizamos al lenguaje, pues es éste el que nos permite comprender y darle sentido a los otros dos.
En otras palabras el Observador que somos está constituido por una combinación del estado de ánimo en el que nos encontramos, más el cuerpo disponible que tenemos para la acción, más la conversación (interna o externa) que tenemos.

El primer principio de la Ontología del Lenguaje postula:

No sabemos cómo las cosas son. Sólo sabemos cómo las observamos o cómo las interpretamos. Vivimos en mundos interpretativos.

El no saber cómo son las cosas implica que no podemos saber cómo es la realidad. Abandonamos la pretensión de conocer la verdad para centrarnos en el observador o la interpretación.
No negamos la existencia de las cosas, sólo negamos que podamos conocerlas en lo que realmente son, independientemente de quien las observa. El centro de gravedad del conocimiento pasa de lo observado al observador. Podríamos decir: "dime lo que observas y te diré quién eres".
Dado que cada uno puede interpretar las cosas de una manera diferente, y ninguna es la verdad, ¿Significa esto que cualquier interpretación da igual, que todas son semejantes?
No, no toda interpretación es igual a cualquier otra.

¿Es la verdad el único criterio de que disponemos para discernir entre proposiciones o interpretaciones diferentes?
Nuevamente no. Proponemos que el criterio más importante para optar entre diferentes interpretaciones es el juicio que podamos efectuar sobre el poder de cada una de ellas.
Toda interpretación abre o cierra determinadas posibilidades, habilita o inhibe determinadas acciones.
La Ontología del Lenguaje puede abrir posibilidades de acción y de intervención que otras interpretaciones no pueden ofrecer.
La capacidad de transformación del mundo está asociada al poder de nuestras interpretaciones.

¿Cómo cambiar nuestra interpretación?
El Observador puede ser diferente cuando:
1. Cambia el punto de vista.
2. Cuando puede ver lo que no está, la oportunidad en medio del problema.
3. Cuando aumentan sus distinciones.
Podemos observar al Observador que somos y si no nos sirve su interpretación, buscar otra que nos apoye en nuestros planes.

¿Cómo se hace?
Observando nuestra conversación.
Observando cuáles son las creencias o juicios desde donde partimos.
Observando el estado de ánimo que tenemos frente a ese desafío.
Muchas veces con sólo cambiar nuestra postura corporal, podemos ver las cosas diferentes.
Aprender a observar el poder de acción que nos ofrecen las interpretaciones en que vivimos es, a nuestro juicio, una gran herramienta de transformación personal y profesional. Ya que, de acuerdo con la mirada que tenemos desarrollamos excelentes explicaciones, que nos permiten seguir en el mismo lugar, repitiendo más de los mismos resultados que no queremos. Sin darnos cuenta que el poder no está en la explicación sino en la acción.

Fuente:  
Apuntes Ontología del Lenguaje. El Observador


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